"Una vez que te acostumbrás, ya está", asegura Guido, de 12 años, en referencia a la estricta dieta -básicamente: evitar alimentos que contengan harinas de trigo, avena, cebada o centeno- que debe seguir para evitar que su condición de celíaco le haga pasar algo más que un mal rato.
Todavía está fresco en su memoria el recuerdo de un atracón con galletitas Sonrisas: "Mi mamá había comprado esas galletitas porque venía un amigo mío a casa -recuerda Guido-. Al final, no se las comió y el paquete quedó en casa; a la mañana siguiente me levante a desayunar y lo encontré: me comí todo el paquete. Fue algo así como una gastroenteritis terrible...".
Experiencias como ésas, sumadas al insistente consejo médico de evitar alimentos con gluten, lograron que con el tiempo Guido perdiera las ganas de infringir la dieta. Hoy, este alumno de séptimo grado, vecino del porteño barrio de Saavedra, posee no sólo la convicción, sino también el conocimiento necesario para cuidar su dieta.
"Yo sé elegir -asegura-, cuando voy a hacer las compras busco en lo que agarro el simbolito del trigo tachado [que identifica los alimentos libres de gluten], que me permite saber que ese alimento es apto para celíacos.
"Muchas veces me preguntan si es feo no poder comer todo lo que comen los demás y tener que comer una comida diferente -dice-. Pero la verdad es que me acostumbré y ya no me causa problemas." .
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